Con esta sentencia, el Libertador definió la arquitectura esencial de una Nación verdadera. No basta la espada que libera; se requiere el espíritu que edifica. Sin ética no hay instituciones; sin conocimiento no hay libertad.
Bolívar no hablaba de lujos ni de privilegios. Hablaba de necesidades primeras, fundacionales. La moral como brújula del poder; las luces como antorcha del pueblo.
Para quienes servimos desde lo público, este mandato es innegociable. En Telecom Venezuela asumimos que toda gestión sin principios es vacía; todo servicio sin conciencia, estéril. Nuestra labor se sostiene en la integridad y se orienta por la formación permanente.
Reflexión:
Una República no se mide por sus riquezas materiales, sino por la altura moral de sus instituciones y el nivel de ilustración de su pueblo. Esa es la verdadera soberanía.Interacción:
¿Cómo podemos, desde nuestro espacio de trabajo o comunidad, contribuir a fortalecer esa «moral y luces» que Bolívar declaró nuestras primeras necesidades?
Comparta su acción o propuesta.
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