(Caracas, 29 de julio de 2026).- Recientemente se registró un espectáculo óptico fascinante: un anillo luminoso rodeando al Sol. En este sentido, el jefe del departamento de Divulgación Científica de la Fundación Centro de Investigaciones de Astronomía y Tecnologías Aplicadas Francisco J. Duarte (Cidata), Ángel Díaz, destacó que los halos solares son fenómenos meteorológicos perfectamente explicables y no tienen absolutamente ninguna relación con terremotos, desastres inminentes o malos augurios.
«Un halo es un fenómeno óptico producido por la refracción y reflexión de la luz solar en cristales de hielo hexagonales que flotan en la atmósfera superior, específicamente en nubes del tipo cirrostratos, ubicadas a gran altitud (entre 5 y 10 kilómetros). Estos cristales actúan como millones de pequeños prismas o espejos y, cuando la luz del Sol los atraviesa en un ángulo específico de 22 grados, se descomponen y se desvían creando ese anillo luminoso que a veces muestra los colores del arcoíris», explicó.
Añadió que la presencia de un halo alrededor del Sol solo indica que hay humedad elevada en las capas altas de la atmósfera y que las temperaturas allí son lo suficientemente bajas como para que el agua esté congelada; un indicador de que se acerca un frente frío o un cambio en las corrientes de viento en altura, pero es un proceso tan cotidiano como la lluvia o el viento.
Halos y terremotos no están conectados
«La historia está llena de relatos que vinculan eclipses, cometas o halos con guerras y pestes, pero siempre han sido falsas correlaciones. Los terremotos ocurren por la liberación de energía acumulada en las placas tectónicas, en el interior de la Tierra, a kilómetros de profundidad. Los halos ocurren en la atmósfera, a pocos kilómetros de altura. No existe mecanismo físico conocido que conecte ambos eventos», aseguró Ángel Díaz.
El investigador invitó a observar el halo con la misma curiosidad con la que se contempla un arcoíris después de la lluvia y no a desinformar sobre un fenómeno natural e inofensivo.
«Ambos son poesía escrita por la física. No permitamos que el miedo opaque la maravilla de comprender nuestro mundo. La naturaleza nos habla, pero lo hace en el idioma de las leyes físicas, no en el de los presagios. Confiemos en la ciencia, no en cadenas de rumores», agregó Díaz.
Mincyt/Prensa/Con información del Cidata






