Simón Bolívar, que sobrevivió a conspiraciones, traiciones y enemigos invisibles, conocía una verdad que pocos estadistas se atreven a confesar: «A los enemigos no se engaña sino lisonjeándolos». Esta frase, escrita en una carta de 1826, no es un manual para la deshonestidad, sino una advertencia sobre la hipocresía del poder. Bolívar había visto cómo sus adversarios políticos, en lugar de atacarlo de frente, le sonreían en el rostro mientras fraguaban su destrucción a sus espaldas.
La lección del Libertador es escalofriantemente vigente. Nos enseña que los verdaderos enemigos de la Patria no siempre vienen con banderas enemigas ni arengas belicosas. A veces se disfrazan de aduladores, de amigos serviciales, de leales colaboradores. El engaño más peligroso no es el que ataca, sino el que halaga. Por eso Bolívar nos alerta: cuidado con aquellos que te sonríen mientras planean tu caída, porque la lisonja es el arma más silenciosa y efectiva del traidor.
En Telecom Venezuela, donde trabajamos en el ámbito de la Ciencia y la Tecnología al servicio de la Patria, tomamos esta advertencia como un principio de vigilancia permanente. En el mundo digital, los enemigos de la soberanía tecnológica no siempre se presentan como adversarios declarados. A veces vienen con ofertas generosas, con acuerdos tentadores, con promesas de desarrollo que esconden dependencia y sumisión. Por eso debemos estar alerta: no todo lo que brilla es oro, y no todo el que sonríe es amigo. La lisonja ha sido, es y será la máscara favorita de quienes quieren destruirnos sin disparar un solo tiro.
El enemigo más peligroso no es el que te ataca, sino el que te adula mientras te destruye. La lisonja es el veneno que se sirve en copa dorada. Bolívar nos legó esta advertencia para que aprendamos a desconfiar de las sonrisas falsas y a valorar la lealtad sincera, aunque venga con rostro severo.






