El Libertador, que perdió batallas, vio caer repúblicas y soportó el exilio, aprendió que el error no es una condena, sino una maestra. Cada fracaso le dejó una enseñanza que aplicó en el siguiente intento, hasta que la victoria fue posible.
Esta frase derriba el mito del éxito instantáneo. Bolívar nos enseña que la perfección no llega en el primer intento, sino en el segundo, en el tercero, en el que sea necesario. La primera vez se aprende, la segunda se perfecciona. Caerse no es fracaso; no levantarse, sí. Quien pretenda construir Patria sin ensayo y error, sin rectificación y sin aprendizaje, está condenado a la frustración. La verdadera grandeza está en tener la humildad de reconocer que la primera vez solo enseña, y el valor de intentarlo de nuevo.
En Telecom Venezuela, asumimos esta enseñanza en el campo de la ciencia y la tecnología. La soberanía tecnológica no se logra a la primera. Requiere pruebas, errores, correcciones y una voluntad inquebrantable de volver a intentarlo hasta hacerlo bien. Cada proyecto fallido no es una derrota: es una lección que nos acerca más a la victoria.
El primer intento es el maestro. El segundo, el triunfo. No temas equivocarte; teme no aprender de tus errores.






