El Libertador escribió estas palabras el 15 de diciembre de 1812 en Cartagena de Indias, durante su exilio tras la caída de la Primera República de Venezuela. Acababa de presenciar cómo la falta de preparación militar y el desaliento tras las primeras derrotas habían sepultado el sueño independentista. Los soldados bisoños, novatos, inexpertos, ante el primer revés, lo daban todo por perdido.
La advertencia de Bolívar trasciende el campo de batalla. Nos enseña que la derrota no es el final, sino el comienzo del aprendizaje. El bisoño es aquel que no ha sido templado por la adversidad, aquel que cree que caerse es sinónimo de fracaso. Pero la verdad está en la lección que el soldado experimentado conoce bien: el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna. No se trata de no caer, sino de levantarse con más fuerzas después de cada tropiezo. La historia de la independencia es la historia de un hombre que perdió batallas, repúblicas y ejércitos, pero que jamás se dio por vencido.
En Telecom Venezuela, donde trabajamos en el ámbito de la Ciencia y la Tecnología al servicio de la Patria, nos negamos a ser bisoños. Sabemos que el camino hacia la soberanía tecnológica está lleno de obstáculos, de proyectos que no salen a la primera, de metas que parecen inalcanzables. Pero como nos enseñó Bolívar, la experiencia nos prueba que la constancia corrige la mala fortuna. No nos rendimos ante el primer revés. Nos levantamos, aprendemos y seguimos construyendo la Venezuela digital que nuestros pueblos merecen.
El bisoño se derrumba al primer golpe. El veterano forja su temple en cada caída. La grandeza no está en no ser derrotado, sino en no creer que la derrota es definitiva. Bolívar nos legó esta lección eterna: el valor, la habilidad y la constancia son las armas del que no se rinde.






