Esta profunda enseñanza la escribió el Libertador desde Ica, Perú, el 20 de abril de 1825, en una carta al Coronel Tomás de Heres, un año decisivo marcado por la culminación de la Independencia del Perú y el nacimiento de Bolivia. Bolívar, en el punto más alto de su carrera, actuaba con enorme circunspección en los asuntos peruanos para desmentir rumores de que su estancia en el país respondía a ambiciones personales. En esta carta, además de instruir a Heres sobre la necesaria paciencia y prudencia diplomática ante los desafíos del momento, finaliza su escrito con un principio supremo: mantener la rectitud y confiar en que el tiempo se encarga de obrar los cambios.
En un mundo donde se confunde la impaciencia con el patriotismo y el ruido con la acción, Bolívar nos legó la lección más madura de su vida: la verdadera fortaleza no está en la agitación, sino en la firmeza de los principios. Un hombre de convicciones no necesita forzar los resultados ni recurrir a la bravuconería. Él confía, espera y obra correctamente, porque sabe que la historia, como un artesano paciente, recompensa la constancia con resultados extraordinarios. La Patria se construye paso a paso y con manos limpias.
En Telecom Venezuela, donde construimos Ciencia y Tecnología para el pueblo, asumimos esta máxima del Libertador. Frente a los retos que demanda la construcción de la soberanía tecnológica, nuestra fórmula es clara y patriota: obrar con rectitud, mantener la conciencia tranquila y perseverar en el esfuerzo, sin caer en la desesperación. Sabemos que los cambios verdaderos tardan en madurar, pero mientras nuestra conciencia esté limpia y nuestra firmeza sea inquebrantable, el tiempo será nuestro mejor aliado.
No se construye el futuro con desespero. Se construye con la certeza de que la semilla sembrada con rectitud, tarde o temprano, dará sus frutos. La paciencia es el coraje del sabio.






