Para el Libertador, la conducción y el futuro de una nación no pueden estar en manos de la improvisación, el egoísmo o la deshonestidad. Al afirmar que «los hombres de luces y de honradez son los que deben fijar los destinos de la patria», Simón Bolívar estableció un estándar ético e intelectual indispensable para la construcción de la república. Las «luces» representan el conocimiento, la formación académica, la conciencia crítica y la innovación constante al servicio del saber; la «honradez», por su parte, encarna la probidad, la rectitud moral y la lealtad incorruptible hacia el bienestar del pueblo. Juntas, estas virtudes forman la brújula que garantiza que el poder, el trabajo y el esfuerzo institucional se orienten al desarrollo colectivo y jamás a privilegios particulares.
En Telecom Venezuela, asumimos este postulado como una guía fundamental para nuestro accionar diario en el sector científico, tecnológico y de las telecomunicaciones. Guiar los destinos de nuestra soberanía digital requiere de una clase trabajadora formada («de luces») que domine la técnica, investigue, proponga y cree soluciones innovadoras con talento propio, pero que también actúe con absoluta transparencia, rectitud y compromiso social («de honradez»). Cada red instalada con mística, cada código desarrollado con ética y cada soporte brindado con honestidad es una prueba de que el saber y la moral deben marchar de la mano para consolidar la independencia tecnológica de la nación.
El progreso auténtico de una nación reclama inteligencia unida a la moral. Quienes asumen la responsabilidad de construir y guiar el desarrollo patrio deben hacerlo desde la sabiduría del conocimiento útil y la pureza de la probidad, convirtiendo la transparencia y la preparación en los cimientos inquebrantables de nuestra soberanía.






