El Libertador, formado en las artes militares y político de nacimiento, entendía que un ejército sin ambición es un ejército sin alma. Cuando un soldado no aspira a ascender, no busca aprender, no estudia táctica, no se prepara para el mando, está condenado a ser siempre una pieza más del engranaje. Bolívar quería soldados que miraran más allá del presente, que se prepararan no solo para obedecer, sino para liderar en el momento que la Patria los requiriera.
Esta frase de Bolívar ha sido malinterpretada como un llamado a la ambición desmedida. Pero el Libertador no hablaba de ansias de poder, hablaba de vocación de servicio y excelencia. El que no aspira a mejorar, a crecer, a estar listo para asumir mayores responsabilidades, no está cumpliendo a cabalidad con su deber. La verdadera grandeza no está en conformarse con el puesto que se ocupa, sino en prepararse para ser útil en el que se pueda ocupar. No se trata de escalar por ego, sino de estar a la altura de la Patria cuando ella lo exija.
En Telecom Venezuela, donde trabajamos en el ámbito de la Ciencia y la Tecnología al servicio de la Patria, este llamado de Bolívar nos impulsa a no conformarnos. Cada trabajador debe aspirar a ser mejor, a formarse constantemente, a estar preparado para liderar proyectos que fortalezcan la soberanía tecnológica del país. No basta con hacer el trabajo; hay que prepararse para hacerlo mejor y para guiar a otros en esa misión
El que no aspira a más, se estanca, el que se conforma con lo que sabe, se vuelve obsoleto. El buen soldado, el buen ciudadano, el buen servidor público, siempre debe estar listo para dar un paso al frente cuando la Patria lo necesite.






